Chile: ¿Es una buena idea volver al Sistema de Reparto?

Tema Público 1164, Libertad y Desarrollo, 27 de junio de 2104

 

En el sistema antiguo,
a diferencia de lo que
ocurre en el sistema de
AFP, el trabajador no
podía elegir dónde
cotizar. Tanto el nivel
de la cotización como
los beneficios a la hora
de pensionarse (edad
de retiro y nivel de la
pensión) dependían
del sector económico
en el que trabajara y
de la presión que éste
ejerciera

 

Cumpliendo con una promesa de campaña, a fines de abril recién pasado, la Presidenta Bachelet creó la Comisión Asesora Presidencial sobre el Sistema de Pensiones, con el objetivo de realizar un diagnóstico y elaborar propuestas en torno al sistema previsional vigente en Chile. Dicha instancia ha abierto un amplio debate en torno a las supuestas falencias del sistema actual y sobre si éste debiese ser modificado o reemplazado. El presente documento busca brevemente mostrar por qué no es una buena idea para nuestro país volver a un sistema de reparto como el existente hasta antes de 1981.

I. El antiguo sistema de reparto es un sistema que fracasó, y el sistema de capitalización individual nació con el fin de reemplazar un cúmulo de ineficiencias existentes

El primer sistema de pensiones dirigido a los trabajadores chilenos se creó a mediados de la década de los 20’, siendo éste un programa de seguridad social pionero en Latinoamérica. Era un sistema de reparto, que quedó en manos de lo que se conoce hasta hoy como Cajas de Previsión, las que con el paso del tiempo comenzaron a multiplicarse. Ya a inicios de los 70’, el sistema de pensiones vigente en ese entonces estaba fuertemente cuestionado. Era un sistema atomizado, operado por más de treinta cajas, cada una con normativa propia. A diferencia de la actualidad, el trabajador no podía elegir dónde cotizar, y tanto el nivel de la cotización como los beneficios a la hora de pensionarse (edad de retiro y nivel de la pensión) dependían del sector económico en el que trabajara y de la presión que éste ejerciera. No había un vínculo claro entre lo aportado durante la vida activa y lo recibido a la hora del retiro.

Como resultado de lo anterior, el sistema previsional mostraba fuertes síntomas de ineficiencias. 13% del presupuesto para previsión se gastaba en su administración. Por su parte, el pago de pensiones a inicios de los 70’ registraba un déficit importante, puesto que se financiaba en cerca de 60% con cotizaciones del trabajador y del empleador y 40% con aporte estatal. A principios de los 80’, las opciones eran aumentar aún más el aporte fiscal o las cotizaciones, que incluso llegaban a más de 50% de la remuneración imponible después de haber sido 5% en su origen. Asimismo, el sistema previsional antiguo representaba más de la mitad del gasto en seguridad social en Chile, y había evidencia que éste seguiría creciendo exponencialmente. En este contexto, en 1981 con el Decreto Ley N° 3.500, nació el sistema de capitalización individual. Éste estableció derechos de propiedad sobre los aportes durante la vida laboral de los cotizantes, y relacionó directamente cotizaciones con beneficios a recibir, eliminando los privilegios especiales, dando origen a los incentivos adecuados y generando una estructura financiera que contribuyera a la sustentabilidad macroeconómica de largo plazo tanto de él mismo como del país.

 

II. El sistema de reparto no entrega pensiones más altas que el sistema de capitalización individual

Usualmente, se suele señalar que una buena razón para volver al sistema antiguo es que el nivel de pensiones que éste entrega es superior al que obtienen los pensionados bajo el régimen de capitalización individual. Exceptuando las pensiones de invalidez, esto es lo que muestran las estadísticas agregadas de la Superintendencia de Pensiones para las pensiones autofinanciadas de los pensionados al 30 de abril de 2014iii. Más específicamente, si comparamos el monto de pensión de vejez promedio de ambos sistemas, la pensión entregada por el Instituto Previsión Social (IPS) es cerca de 11% mayor que la de las AFP. Esta diferencia alcanza 38% y 21% a favor de las pensiones de vejez anticipada y sobrevivencia que paga el sistema antiguo, respectivamente.

 

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