Paraguay: Paraguay afortunadamente sigue rechazando el chavismo bolivariano

Por:

Víctor Pavón

En:

ABC Color

País:

Columnas

Fecha:

14 de agosto de 2012

Pocos acontecimientos pueden servir de ejemplo para demostrar cómo los países pueden terminar por catapultar proyectos populistas y peligrosos para la libertad y la propiedad de la gente. Esos hechos los tenemos a la vista. Son notorios. En Venezuela con Hugo Chávez, en Bolivia con Evo Morales, en Ecuador con Rafael Correa, en Nicaragua con Daniel Ortega y en Argentina con Cristina Fernández.

En esta lista se encontraba el expresidente de Paraguay Fernando Lugo, quien también se iba consolidando en el poder mediante el avance de su proyecto que, a diferencia de aquellos países mencionados anteriormente lo hacía quizás un poco más lento, pero que no estaba exento de la misma raíz totalitaria.

En realidad, Lugo y sus seguidores estaban esperando dar el zarpazo final para formar la lista de aquellos mandatarios adscriptos a la lista de oro del eje bolivariano, liderado por Chávez, y en donde Brasil tampoco se muestra diferente, más aún cuando recientemente su presidenta Dilma Rousseff ha sido una de los artífices de la suspensión de Paraguay del Mercosur de un modo arbitrario e ilegal para así hacer ingresar a la Venezuela de Chávez al Mercosur, violando elementales principios de las relaciones internacionales.

Aquí en Paraguay afortunadamente un juicio político constitucional terminó con aquel avance del señor Lugo y sus camaradas que pretendían emular las acciones del eje bolivariano. Algunos –quizás demasiados– creían que era posible controlar al señor Lugo y sus seguidores manteniéndolo en el gobierno hasta culminar su mandato. Pero la gestión política del ex primer mandatario y de este grupo se volvió intolerable. Se tuvo que apelar a la figura constitucional del juicio político para encarrilar el camino que se encontraba desviado. Al respecto, cualquiera que haya leído la Constitución y sepa cómo funciona el procedimiento legal en un juicio político y otro en sede jurisdiccional, sabe que no se ha violado ningún derecho y garantía a la defensa consagrada en nuestras leyes y en los principios universales del debido proceso.

La remoción del señor Lugo fue una decisión que permitió evitar un desastre peor de lo que ya venía ocurriendo. La utilización de cuarteles de las Fuerzas Armadas para propaganda política, el uso de militares para dañar la propiedad privada, el uso arbitrario de recursos en Itaipú, la muerte de policías en Curuguaty y otros más, fueron efectos de una causa que no puede desconsiderarse. Y son esas causas las que debemos tomar en cuenta, caso contrario, nuevamente pueden gestarse modelos contrarios a la libertad, ya sea venga nuevamente del grupo radical que acompañaba al expresidente o sin ese grupo.

¿Qué movía los hilos del poder en el Palacio de López? Básicamente una idea clara. Instaurar en el Paraguay un modelo político y económico que permitiera poner en vigencia una revolución que parecía débil y hasta derrotada, pero no olvidada. La revolución de Fidel Castro que engañó al pueblo cubano prometiendo libertad luego de terminar con la dictadura de Baptista en 1959, es el primer paso al que debemos apelar para entender de qué modo los gobernantes son capaces de decirle a su pueblo que luchan contra una dictadura, para que luego los supuestos “libertadores” se conviertan en los verdugos del pueblo que en comienzo los aclamó.

Fidel Castro representa una muestra de cómo se traiciona una revolución. Castro derroca a Baptista en 1959 prometiendo elecciones libres al año siguiente; elecciones que nunca se dieron porque el nuevo régimen empezó a gestar su propia criatura totalitaria virando hacia el comunismo. Esta criatura no pudo avanzar más allá de las islas, pese a que el Che Guevara estaba dispuesto a exportar la revolución totalitaria hacia el sur del continente. No fue así entre muchas razones, entre las que se encuentra la caída de la Unión Soviética que dejó sin recursos al castrismo.

Pero unos años después algo ocurriría en Latinoamérica. Por la ineficiencia de los demócratas en Venezuela seducidos por la corrupción, surgió el hombre que vendría a continuar la criatura totalitaria, a la usanza de sus maestros, el Che y Fidel.

La antigua y decadente democracia venezolana no pudo cumplir con sus promesas de crear empleos y mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos. Como una sanguijuela que se adhiera al cuerpo para succionar sangre, los políticos convirtieron al Estado en una piñata de dinero fácil al que solo había que asaltar con la extrema impunidad con la que lo hacen los delincuentes.

Hugo Chávez llega a la presidencia en 1998 con el 56 por ciento de los votos. El pueblo venezolano, sin embargo, solo estaba así repitiendo el mismo error que el cubano había cometido cuando también Fidel se convirtió en su redentor.

La llegada al poder de Chávez no fue solo una oscilación pendular entre centro izquierda y centro derecha. Enseguida Chávez empezó con su oratoria incendiaria, apelando al sentimiento de los venezolanos que apenas llegaban a fin de mes con sus ingresos o que casi nada tenían. El enfrentamiento entre ricos y pobres le permitió hablar con seguridad sobre cómo se debía favorecer a aquellos con menores ingresos.

Chávez no retaceó en seguir avanzando hasta conseguir el poder absoluto. Con una postura de confrontación directa sin titubeos se apoderó de los otros dos poderes, el Legislativo y el Judicial, al punto de convencer a demasiada gente que la democracia representativa apenas es un invento burgués de los liberales que solo desea seguir viviendo a costa de los desamparados.

Al igual que otros dictadores como que Hitler había ganado legítimamente el poder, Chávez se sintió a gusto con la criatura totalitaria que había creado y se regodeó de ella. Una vez que ganó aquella legítima elección logró convocar a una Asamblea Constituyente, donde contaba con mayoría, de manera a consolidar su poder, arrinconar a los que se le oponían y construir el marco legal para poner en práctica a la criatura totalitaria.

Paraguay estaba siguiendo este mismo sendero, aunque lenta pero decididamente. Solo era cuestión de tiempo. El carácter y la personalidad de Lugo no es la de Chávez, como tampoco su oratoria. Diferente también al bolivariano Chávez, en el primer anillo de Lugo existía una discusión entre moderados y extremistas. Pero todos ellos tenían algo en común: la misma ambición que los lleva a traicionar –como Fidel– a la revolución que dicen representar.

Por obra de un juicio político constitucional refrendado por una amplia mayoría en el Congreso, la prensa libre, los partidos políticos y gran parte del pueblo paraguayo, en el Paraguay afortunadamente se sigue rechazando el chavismo bolivariano.



(*) Decano de Currículum de UniNorte. Autor de los libros “Gobierno, justicia y libre mercado” y “Cartas sobre el liberalismo”.

Este artículo fue publicado originalmente en ABC Color (Paraguay) el 06 de agosto de 2012.