Honduras: Hoy Honduras consolida la fuga del eje “bolivariano”.

Por:

Emilio Cárdenas

En:

País:

Columnas

Fecha:

27 de enero de 2010

“La llegada de Porfirio Lobo es obviamente una durísima derrota para Hugo Chávez y Fidel Castro y sus conocidas ambiciones hegemónicas continentales”.

Hoy, 27 de enero es una fecha histórica para Honduras. Para celebrar, dentro y fuera de ese país. Ocurre que hoy asume como presidente de esa nación centroamericana el otro “Pepe”. En este caso, no el ex tupamaro uruguayo “Pepe” Mujica, sino Porfirio “Pepe” Lobo Sosa: un político hondureño, de centro, esto es del Partido Nacional. Su llegada es obviamente una durísima derrota para Hugo Chávez y Fidel Castro y sus conocidas ambiciones hegemónicas continentales. La más cara de todas las que ha sufrido hasta ahora.


Honduras consolida así lo que es, digámoslo, un milagroso escape del universo “bolivariano”, esto es marxista, que estuvo al borde de atraparla con el impensado apoyo de la OEA, que quedará para la historia.

Tras una elección impecable -por libre y transparente- en la que participaron unos 2,3 millones de hondureños, las urnas consagraron a Lobo Sosa el 29 de noviembre pasado. Hoy, con las credenciales que lo acreditan como Presidente de Honduras en su poder desde la semana pasada, Lobo Sosa asume formalmente su cargo.

Asume, es cierto, como el mandatario más votado en toda la historia de su país. Más de la mitad de los votantes, en rigor unos 1,213 millones de hombres y mujeres hondureños (el 56,56% del total) se pronunciaron por Lobo Sosa.
Manuel (“Mel”) Zelaya que, desde septiembre es huésped de la Embajada del Brasil en Tegucigalpa (lo que ha dejado mal parada a la orgullosa diplomacia brasileña), ha anunciado que se alejará de su país para residir primero en la República Dominicana y luego en México.
Porque sabe lo que es la buena vida y gozar la libertad no eligió ninguno de los “paraísos” que lo hubieran acogido con los brazos abiertos: Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua o Venezuela. Su salida ha sido comprometida por Lobo Sosa. Pero no será fácil acordar el procedimiento para materializarla, desde que (i) no hablamos técnicamente de asilo y (ii) a Zelaya lo buscan por una mezcla de delitos políticos y comunes, incluyendo acusaciones de corrupción (típicas cuando se trata de los “bolivarianos”), abuso de autoridad, malversación de fondos públicos y usurpación de funciones, respecto de los que tiene órdenes de captura vigentes.

Pero “Mel” se irá con su música y su pintoresco (poco serio) atuendo de “cowboy” a otra parte. Fuera de Honduras, que lo rechazó. Chávez terminó para él siendo un salvavidas de plomo. Como era previsible.

La Presidente de la Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, verborrágica y arbitraria como es habitual, había -en su momento- estacionado, recordemos, el avión presidencial argentino en el aeropuerto de Managua, esperando llegar con él -triunfadora y rodeada de un séquito de obsecuentes compañeros de ruta- a la“reposición de Zelaya”, que no ocurrirá. No fue así. Como cuando su marido con anterioridad (en una fraguada operación de liberación de secuestrados por las FARC) caminara muy cerca de las FARC en compañía de Hugo Chávez por la jungla colombiana, la aventura hondureño-nicaragüense de Doña Cristina terminó también en el ridículo. Ambos pasos en falso son ya parte de la historia.

Nos queda hacer una breve reflexión sobre el hombre -duro e inflexible- que se les plantó a todos: el empresario y político, sobrio y poco carismático, Roberto Micheletti, devenido presidente provisorio de Honduras.

No renunció, como se le pedía o exigía. Por dignidad y respeto a sí mismo, seguramente. Pero -al final- dio un inteligente paso al costado. Decidió ausentarse de la presidencia que ejerciera hasta el final, pocas horas antes de la asunción de Lobo Sosa. Para no robar un espectáculo en el que, quizás, nunca aspiró realmente en participar.
Si su objetivo fue detener a Chávez, ciertamente lo logró. Por esto quizás sus palabras de despedida: “Gracias, Señor“; “Patria, te cumplimos“; a lo que agregó – visiblemente emocionado- repitiéndolo tres veces, su conocido: “Viva Honduras”. La historia lo juzgará como el hombre que, a su manera, y pese a los riesgos de toda índole que decidió enfrentar, le dijo que NO a Chávez y a sus ad-láteres.
Más allá del miedo. A pesar de las presiones e intimidaciones de todo tipo que -desde todos los rincones- se abatieron sobre él. Pese a las horas de amarga soledad. Y sin perjuicio de los peligros que corrió y que, en más, seguramente correrá por su actitud. No es poco.

Emilio Cárdenas,  Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.