Honduras: Honduras: La integridad de “Mel” Zelaya bajo sospecha

Por:

Emilio Cárdenas

En:

Diario Exterior (España)

País:

Columnas

Fecha:

3 de septiembre de 2010

Honduras es -por el momento- el único país que habiendo pertenecido oficialmente al “eje bolivariano” ha logrado salir de él democráticamente. La crisis reciente de ese país se precipitó cuando el ex Presidente Manuel (“Mel”) Zelaya intentara (como todos los bolivarianos) eternizarse en el poder, removiendo los impedimentos constitucionales que se lo impedían.

Honduras tiene una Constitución rígida que no permite acumular más de un mandato presidencial. Zelaya (con el fuerte apoyo de Hugo Chávez) trató -de modo poco transparente- de modificarla. El Congreso, la Corte Suprema, el Procurador y el Poder Judicial de su país, esto es todos los demás poderes del Estado, sin excepción, se lo impidieron. Ello precipitó a Honduras en una compleja situación -que incluyó la suspensión de su membresía en la OEA- de la que pudo finalmente salir a través de elecciones libres y transparentes que entronizaron a Porfirio Lobo como el nuevo presidente de Honduras, con una mayoría muy amplia, incuestionable.

Las espaldas a Honduras

Pese a eso, algunos países de América del Sur (como Bolivia, Brasil, Venezuela y Uruguay) siguen sin reconocer al nuevo gobierno de Honduras, en actitud de “solidaridad” para con Zelaya, exigiendo a Porfirio Lobo que se lo amnistíe integralmente, de modo que pueda regresar a Honduras. El presidente Lobo así lo ha hecho, pero sólo respecto de sus delitos políticos. No de sus posibles delitos comunes. Como corresponde.

No obstante, esos países (entre los que está también la Argentina) siguen sin reconocer al nuevo gobierno de Honduras, resentidos aún por la “suerte” del bolivariano Zelaya, lo que disimulan con conocidos argumentos retóricos. Chile, Colombia, México y Perú, en cambio, en otra tónica, han reconocido ya al gobierno de Lobo.

La sombra de la corrupción

Mientras tanto, la justicia hondureña investiga la corrupción de Zelaya. Lo que no es demasiado sorprendente en una administración “bolivariana”, acostumbrada (como todas ellas) a las “valijas tipo Antonini Wilson”.

El Tribunal Superior de Cuentas hondureño acaba de revelar que nada menos que 98 millones de dólares -que habían sido asignados a un fondo especial, destinado a mitigar los efectos de los desastres naturales- se “esfumaron” misteriosamente durante el gobierno de Zelaya, luego de haber sido extrañamente transferidos a la “Casa Presidencial”. Con esos fuertes indicios de responsabilidad penal, el Ministerio Público se apresta a iniciar la causa penal del caso. Una más, de varias.

Como si eso fuera poco, el Tribunal Superior de Cuentas hondureño investiga asimismo una presunta “compra” de porotos para distribuir entre los más necesitados que -sorpresa- habían sido previamente donados a Honduras por el Gobierno de Francia. Donación que, por obra de algún vivo, de pronto se transformó en “gasto”, con el consiguiente “desvío” de fondos.

Hay otros casos parecidos, además, en los que los fondos públicos fueron a parar a cuentas personales de altos funcionarios allegados a Zelaya. Típica conducta “bolivariana”.

Hay un caso adicional, que es realmente notable por lo burdo. A caballo de una compra de combustible para un centenar de tractores, se contrató a un “consultor” que “analizó las tierras” en las que operarían luego los tractores. Para ver si los tractores podían esperar en ellas. Por todo esto, la Fiscalía contra la Corrupción de Honduras investiga estas y otras denuncias.

Ya ha interpuesto dos acusaciones penales concretas de corrupción contra la administración de Zelaya. Y las cosas no han parado allí. Las sospechas y las denuncias siguen llegando, cual catarata.

Feo presagio es esto para “Mel”. Por algo el Presidente Porfirio Lobo no ha amnistiado a Zelaya por sus presuntos delitos comunes. Hace bien en no hacerlo, creemos, hasta que las denuncias aludidas se investiguen y las cosas se aclaren. Así debe ser.

Zelaya, desde su cómodo exilio en la República Dominicana, envió (vía su Blackberry) un mensaje escueto, negando las acusaciones. No podía permanecer simplemente en silencio cuando las acusaciones -en su propia casa- se acumulan en su contra.

Lo descripto debería hacer reflexionar a países como el nuestro que aún se niegan inexplicablemente a reconocer al gobierno de Porfirio Lobo. Por despecho, en buena medida, desde que -cabe recordar- nuestra Presidente intentó (sin éxito) jugar un papel “preponderante” en la fallida “reposición” de Zelaya, en busca de un “protagonismo” exterior que, hasta ahora, le ha sido llamativamente esquivo. Por afinidad ideológica, presumiblemente. Pero todo tiene su límite. Honduras, como país, no merece ciertamente el trato desaprensivo que le estamos dispensando: soberbio y equivocado a la vez.

Porque queda visto que las sospechas de corrupción se siguen amontonando en torno a Zelaya. Pero hay quienes prefieren no verlas y defender a quién tienen por “hermano político”. Por un mal entendido “espíritu de cuerpo”, quizás. Antes que dejar actuar libremente a la justicia, que en Honduras es independiente, a diferencia de lo que sucede en los países bolivarianos que -cual denominador común- deforman las instituciones republicanas, como pretendiera hacer precisamente “Mel” Zelaya en Honduras, cuando desatara la tormenta que se convirtió en temporal del que Zelaya fuera una de las principales víctimas.

 

(*) Emilio Cárdenas fue Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.