Bolivia: Evo ante su año más difícil

Por:

Claudia Hernández

En:

Latinoamérica Libre

País:

Bolivia

Fecha:

6 de enero de 2011

El pasado domingo 26 de diciembre, los ciudadanos de Bolivia recibieron un inesperado regalo de navidad, se trataba de la modificación al decreto 748 que establece la subvención del Estado a los combustibles que se comercializan de manera interna, impactando de golpe en el alza de los precios de éstos en hasta un 83%.  Este decreto puso fin a seis años de precios congelados en el sector, pero también durante la semana puso al gobierno de Evo Morales ante una protesta nacional sin precedentes.

Frente a una segunda semana de conflictos, donde varias organizaciones sociales planeaban incluso la toma de instituciones públicas en la sede de gobierno y en otras capitales a menos de dos horas de concluir el 2010, con la consigna de “gobernar obedeciendo al pueblo”, el Presidente Evo Morales anunció la abrogación del Decreto.

Es así como este anuncio dejó al desnudo el falso auge de la economía boliviana, su supuesta estabilidad económica y el superávit fiscal. Además confirmó el inminente fracaso de la política hidrocarburífera estatal, que no sólo ha perdido oportunidades de negocios con las exportaciones y amenaza al abastecimiento interno, sino que evidencia cómo se han malgastado los ingresos extraordinarios recibidos gracias a los altos precios internacionales del gas natural y los minerales que exportan.

Lo cierto es que la producción de combustibles líquidos declinó en Bolivia en los últimos cuatro años de 48.500 a 42.600 barriles diarios, porque el precio unitario congelado por el Ejecutivo era de 27 dólares, muy lejos del mercado internacional donde bordea los 90 dólares.

El Gobierno, derrotado por las leyes del mercado y por la falta de producción, ha cambiado de discurso: ahora dice que sólo con un precio interno del barril de petróleo que sea atractivo para las petroleras extranjeras es posible que estas hagan (lo que el Estado boliviano nunca ha podido hacer, tampoco después de nacionalizar), la exploración de nuevos pozos.

El anuncio dado a conocer por el vicepresidente Álvaro García Linera sobre la liberalización de los precios era esperable y necesario. En Bolivia, los subsidios a los carburantes pasaron de US$100 millones en 2005 a US$380 millones (monto que equivale a cerca del 2% del PIB del país), en el año que acaba de terminar. Subvención que además, según la autoridad, beneficiaba principalmente al contrabando de combustible hacia los países vecinos.

Sin embargo, a pesar de la necesidad del alza, ésta no se hizo de manera paulatina, lo que acarrearía un impacto inflacionario a toda la cadena productiva y a los bolsillos de los bolivianos, generándose malestar en la población.

Aún cuando Morales dio marcha atrás a la medida, los efectos políticos no son reversibles, sino que con las recientes protestas se esfuma el aura de invulnerabilidad que lo había acompañado durante su gestión. No hay que olvidar que debido a este tipo de protestas en el 2003 y 2005 cayeron anteriores gobiernos y se crearon las condiciones para que Evo llegara al poder. Y en esta ocasión, los hechos de mayor gravedad se produjeron en las tres urbes: El Alto, La Paz y Cochabamba, que hasta entonces habían sido una aliada incondicional a su mandato.

El panorama político aún es confuso, las consecuencias en su popularidad están por verse y ahora amplios sectores piden cambio de gabinete. A su vez, no existe un político en la oposición que haya sacado réditos de estos acontecimientos, ya que si en algo ha sido exitoso Evo Morales es en intimidar y perseguir judicialmente todo aquel que sea crítico a su gestión.

 

(*) Investigadora del programa Sociedad y Política de LyD