Costa Rica: El Gobierno de Doña Laura

Por:

Erich Picado Arguello

En:

ILPRO

País:

Columnas

Fecha:

12 de mayo de 2011

Cumplido un año, hay espacio suficiente para la sana discusión y análisis.

Poner en la palestra pública la acción de este gobierno, es siempre un tema tentador de alborotamiento en las mentes y conciencias de los ciudadanos (as), porque no debemos olvidar que doña Laura, ganó las elecciones con un altísimo porcentaje de votos, histórico diría yo, superando incluso los obtenidos por don Oscar Arias.

Esa avalancha de sufragios, mostró, inequívocamente, que las expectativas sobre lo que pudiera lograr la primera mujer presidenta en nuestra historia, fueron demasiado elevadas.

La promesa del continuismo en el poder de los hermanos Arias, a la sombra (¿) de una mujer como la que nos gobierna, la novedosa presencia femenina al frente del país, la implementación de promesas en lo social, médico, seguridad ciudadana, y, “seguir por la senda que hasta ahora llevamos”, fueron, sin duda, un coctel exitoso de motivación para inundar las urnas con votos de personas ilusionadas en un mejor mañana.

La realidad es otra.

A un año de mandato, y en medio de la peor crisis política que recordemos, atizada con guayabo en Cuesta de Moras, escuchamos la tímida lectura del mensaje Presidencial: escueto, corto, conciso y repetitivo.

Lo que más preocupa, es la actitud plañidera de la mandataria, de anunciarnos como gran novedad, que muchos de sus proyectos se han visto obstruidos porque “encontró” muchos problemas en la administración pública.

Hasta donde yo sé, don Oscar le dejaba la “mesa servida”.

Laura Chinchilla ha sido una mujer enquistada en las altas esferas del poder por muchos años: fue diputada, Ministra de varias carteras, y, hasta hace poco, Vice Presidenta de la República; elemento imprescindible en la toma de decisiones emanadas de Zapote.

De esta manera, no puede alegar que “no sabía” con lo que se iba a encontrar cuando asumiera el mandato.

Un solo ejemplo: en campaña política, reiteradas ocasiones manifestó que no quería más impuestos, que no se necesitaban.

Esa demagógica ponencia tenía como substrato, el hecho que, siendo la candidata del continuismo, si apoyaba crear más impuestos, exponíase a la pregunta incómoda: ¿Diay, pero no dicen ustedes que estamos muy bien, entonces para que ocupa más impuestos?

Ya en el valle de la realidad, impulsa una Reforma Tributaria que maquilla como “solidaria”, la cual, vulgarmente traducida, es nada más que un paquetazo de impuestos que obtiene el rechazo generalizado de todas las fuerzas vivas de Costa Rica.

Seguridad Ciudadana es un desastre. Luego de nueve meses de administración, “entiende” que estamos feos en este asunto, y de la chistera, saca su conejo de la suerte llamado POLSEPAZ. Renuncian al Ministro Tijerino, quien en teoría, al momento de nombrarlo, “era el hombre más capaz en este momento duro para el país”.

Un tercer lado del triángulo, y el más peligroso según mi entender, es la falta de liderazgo y la ausencia de fuerza en el mandato.

Doce escasos meses de gobierno han bastado para que varios ministros (as), y piezas importantes en el engranaje de la cosa pública, hayan renunciado.

Se habla de constantes amenazas de reacomodo en el gabinete. Esa es una pésima señal para el país, que requiere estabilidad en la cabeza, para dinamizar el cuerpo productivo.

Quedan tres años. Si por la víspera se saca el día, no es muy alentador el panorama.

Ojala me equivoque.

 

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* Periodista y colaborador de ILPRO

Fuente: www.ilpro.org