Guatemala: El efecto Guatemala

Por:

Julio Rank Wright

En:

La Prensa Gráfica

País:

Columnas

Fecha:

15 de febrero de 2017
En geopolítica y política internacional ocurre el efecto de los países “detonantes”.

Estos son países que están pasando por coyunturas que tienen el potencial de tener un efecto cascada sobre otros países en la región o subregión donde se encuentran. En Latinoamérica, Venezuela ciertamente es uno de estos países. Lo que pasa en Venezuela tiene repercusiones en la región. Otro de ellos es Cuba. Lo que vaya a suceder en Cuba tendrá un efecto profundo para la población cubana que ha sido privada de sus derechos políticos durante tantas décadas, pero también habrá un efecto en cómo se construye una nueva narrativa post Guerra Fría y cómo se modera o reacomoda la retórica tóxica “antiimperialista” que muchos regímenes semiautoritarios de la región han asumido. Otro ejemplo claro es Brasil con la influencia y efecto que genera en la región, especialmente en Sudamérica.

En el contexto centroamericano, los próximos doce meses verán a Guatemala como “país detonante”. El efecto Guatemala es potente porque ofrece un espejo a países pequeños y medianos. Típicamente países pequeños y medianos han observado el despertar ciudadano en contextos disímiles a los propios. La distancia de las protestas en Brasil se acorta. Desde que ocurrieron las primeras movilizaciones ciudadanas en Guatemala este país se ha convertido en vitrina de nuevas formas de expresión ciudadana para los países del Istmo. Cuando los países centroamericanos ven a otro país centroamericano ejerciendo presión ciudadana de manera pacífica, cívica, esporádica y despolitizada que provocan la renuncia de una vicepresidenta y que abre la ventana para promover reformas políticas sustantivas, creen que esto es factible en su propia realidad. De hecho muchos actores políticos y académicos hondureños atribuyen mucho del ímpetu de las protestas condenando la corrupción en ese vecino país al “efecto Guatemala”.

El efecto Guatemala ha evidenciado el repudio generalizado a la corrupción. Este repudio ha sido una especie de pegamento dentro de la ciudadanía. Ha unido a gente de distintas procedencias socioeconómicas, etnias, edades, ideologías y aspiraciones. Las protestas rechazan la instrumentalización política de manera tajante. Los políticos que intentan usurpar las concentraciones multitudinarias de ciudadanos son invitados a mantenerse al margen. El despertar ciudadano ilustra de manera muy evidente un respeto por la autoridad pero un hartazgo decidido con el abuso del poder.

A escasas semanas de que ocurran los comicios presidenciales en Guatemala las perspectivas para una presidencia tensa cobran fuerza. Indistintamente de quien llegue al poder, el o la presidente electo entrarán a ejercer el poder bajo condiciones muy adversas y con una reducida legitimidad. Quien llegue llegará “con los pies hinchados” conocedor de antemano que el primer intento de subvertir la institucionalidad democrática del país o cualquier escándalo de corrupción tendrá como respuesta una reacción de la ciudadanía decidida y contundente.

Ante esta realidad, el o la que llegue al poder tendrá que hacer de su gestión una donde la transparencia y apertura al diálogo sean valores aún más presentes de lo que la ciudadanía esperaría. La alternativa de gobernar con opacidad, mayor control mediático, menos información y una administración donde no se premie la meritocracia únicamente contribuirá a mayor pérdida de confianza en el proceso democrático.

Si de efectos nos tenemos que agarrar para tomar impulso y mejorar la gestión gubernamental, exaltar la transparencia, condenar la corrupción y, en el camino, mejorar las condiciones de vida de la ciudadanía, agarrémonos de efectos. Esta vez Guatemala empujó la bola de nieve. No hay vuelta atrás. Lo hecho, está hecho. La ciudadanía ya nunca será la misma. Y, lo que es aún más importante, los gobiernos de turno jamás volverán a subestimar la astucia y el poder que tienen los ciudadanos unidos.

 

Publicado originalmente en La Prensa Gráfica (El Salvador), el 2 de febrero de 2017.